sábado, 21 de junio de 2008

Las Epidemias y su Impacto Histórico

Epidemias en la Era Precolombina
El caso de la Tuberculosis
Considerando que una epidemia es el ataque súbito de una enfermedad a la mayor parte de una población, se puede afirmar que no hay evidencia clara de la existencia de epidemias durante la etapa precolombina en lo que actualmente es el territorio peruano. Sin embargo, sí se puede afirmar que hubo endemias, es decir, enfermedades que ocurren, en una copmarca determinada, de una manera silente y en episodios habitualmente estacionales.
Una de estas endemias que asolaron a la población indígena fue la tuberculosis, sobre todo la que afecta la espina dorsal-mejor conocida como mal de Pott-, que causa una deformidad o joroba a la altura de la espalda. En la autopsia a una momia encontrada en Nasca, los investigadores encontraron lesiones macroscópicas y cicatrices producidas por la tuberculosis en los pulmones de un hombre de mediana edad (40 años). Además, observaron una lesión erosiva en dos vértebras de la columna, lo que le produjo una notoria joroba. ¿Por qué a partir de este hallazgo puede decirse que la tuberculosis fue endémica?. De acuerdo con los epidemiólogos, la tuberculosis de la columna es el vértice de aproximadamente 200 mil casos de otras formas de esta misma enfermedad. Así, pues, la comprobación de los médicos peruanos no haría sino confirmar que la tuberculosis tuvo grandes alcances en la población local antes de la llegada de los españoles y que fue traída a América primeros inmigrantes provenientes de Asia.
La uta, de la que se ha encontrado representaciones en ceramios muy elocuentes, fue también una enfermedad endémica, así como la verruga peruana, que asoló los valles interandinos.

La Tesis de Tomás Salazar
Descripción de la Bartonellosis
Con seguridad, la bartonellosis andina se mantuvo vigente durante la época colonial; pero los médicos españoles, especialmente los poltrones de Lima, no mantuvieron la menor posibilidad de observar en toda su magnitud el problema causado por esta enfermedad, que ataca em quebradas interandinas alejadas de la capital.
A pesar de las elocuentes descripciones de los cronistas de la coquista, especialmente de quienes atestiguaron la célebre epidemia de Coaque (en actual territotio ecuatoriano), que dieznó a buena parte de los conquistadores en su viaje hacia el Perú, los círculos académicos de Lima no se impresionaron por este mal, ya que no tuvieron un cabal concepto de su epidemiología. Pedro Pizarro la describió así: "Una enfermedad que dio verrugas, tan mala y contagiosa que tuvo a mucha gente fatigada y trabajaba con muchos dolores como si estuvieron con bubas, hasta que les salian grandes verrugas por todo el cuerpo y algunas como huevos". Así, las "verrugas de los conquistadores" quedaron como una anécdota en los anales de la historia médica.

En 1634, un cirujano latino, el español Gago de Vadillo, publicó en Lima sus experiencias en relación con esta enfermedad -incluida una descripción de las "verrugas"-, en el que resulta ser el primer trabajo de la literatura médica sobre bartonellosis andina.
A principios del siglo XIX, Hipólito Unanue se ocupó de la verruga peruana en un célebre libro sobre el clima de Lima. Es posible que el ilustre médico no tuviera la oportunidad de observar un solo caso de dicha enfermedad, lo cual lo habia llevado a confundirla con la sífilis: "Los que no teniendo el cuerpo abrigado pasan del calor de las quemaduras al frio de la serrania, o se exponen a este aligerando la ropa, por la sofocación que causa el temple entre el día, contraen unos dolores semejantes a los reumáticos y gálicos, los cuales al cabo de más o menos días terminan en un brote de verrugas de diferente magnitud, por lo regular arrujan sangre y se caen, o se extirpan ligándolas si como opina un sabio americano [su maestro y mentor, Gabriel Moreno] esta enfermedad es el germen de la Lúes veneria, la inclemencia del frio sobre el cuerpo acalorado daria origen a este mal impuro. Para castigar los ardores de venus, no podian encontrarse remedios más a propósito que el hielo y las nieves de los andes".

Desde la década de 1630 -años de las primeras publicaciones de Gago de Vadillo- hasta la época republicana, no apareció una sola descripción amplia de esta enfermedad realizada por los médicos. Dos motivos podrían explicar tal fenómeno primero, que, como ya se ha mencionado, los focos endémicos de Batonellosis estuvieron circunscritos a valles interandinos de dificil acceso y por consiguiente, aislados de los centros médicos calificados y segundo, que en los propios valles infestados la enfermedad pasa desapercibida porque ataca a los nativos durante la infancia, con formas leves. Solo los adultos foráneos (o adolescentes en edad de viajar) muestran con más frecuencias los casos floridos y graves.
La primera identificación de un caso de Bartonellosis con su respectiva historia clínica ocurrió en lima a mediados del siglo XIX, más precisamente en 1857. Se trata de un enfermo del hospital de San Andrés, llamado Aniceto de la Cruz, de la que incluso hay una foto de extraordinaria nitidez, insertada en la tesis de bachiller de Tomás Salazar, obra de un fotógrafo desconocido, tomada apenas unos años después de que en Europa apareciera la técnica de fotografía en papel. La tesis fue publicada en la primera revista médica aparecida en la región andina de la Gaceta Médica de Lima.
Los detalles morfológicos de las lesiones de Aniceto de la Cruz son extraordinarios. Así los describe Salazar, discípulo de Cayetano Heredia en la Facultad de Medicina de San Fernando "natural de Moya, avecindado en Jauja, de 40 años de edad, de temperamento linfático, de constitución débil, de raza andoperuviana, entró en el Hospital de San Andrés el 21 de Junio de 1857 [...]. La lámina que acompañó representa al enfermo y puede verse en su cara los progresos que hacen las verrugas, así en la parte superior del dorso de la nariz se inician estos tumores, en el ángulo interno del ojo y en la parte superior de la frente, han aumentado de volumen, de las dos que existen en la mejilla izquierda, la inferior es blanda al tacto y de color violado, la superficie está en un periodo más adelantado y su superficie se halla cubierta de costras que le dan el aspecto desigual que se nota en ella; en el ángulo externo del ojo existe una verruga en el periodo de hemorragia, pues las manchas que se ven en la parte externa del párpado inferior y en el carrillo son de sangre que actualmente corren de la verruga, la más notable de este cuadro es la que existe al nivel del lóbulo de la oreja.
Al principio de esta historia hemos dicho que solo tenía el tamaño de un huevo de paloma, más tarde llegó a adquirir la de una naranja pequeña, se ulceró en su superficie, se aplicó una ligadura a su pedículo, a pesar de esto la verruga no ha caido, se ha desaparecida una porción de su parte inferior y ofrece el aspecto que notamos en una lámina que acompañó. Una de las verrugas grandes que se desprendió mediante la ligadura está depositada en el Museo de la Escuela de Medicina [...].

En el trabajo de Salazar hay otros seis casos de enfermos con verrugas pero sin fotografías.
Son observaciones realizadas en el Hospital de San Andrés, para entonces una institución restringida a la atención de varones. Es interesante notar que en estos siete casos se trata de varones nacidos en zonas no endémicas de verrugas, dos en Arequipa, tres en Huancayo, uno en Chile, otro en Huanta. Todos mostraron erupciones cutáneas llamativas aunque ninguno con la gravedad del caso de Aniceto de la Cruz quien falleció pocos días después, al parecer de una septicemia que tuvo como punto de partida una de las verrugas secundariamente infectadas. Estas observaciones refuerzan la hipótesis que postula que la Bartonellosis es una enfermedad endémica de larga data, que ataca en la infancia con formas muy benignas o subclinícas; las formas graves y llamativas son más frecuentes en foráneos que visitan las zonas infestadas.

1 comentario:

Boni dijo...

Muy interesante este blog, sobre todo lo informativo que es, me permitio afinzar más conocimientos que desconocía, por eso felicito este trabajo es muy útil para las personas que ingresen a ella, y porque no, invitar a los colegas a visitarla.

Felicitaciones, doctora paola...