martes, 17 de junio de 2008

Las Enfermedades del Perú y de los peruanos

Para conocer el origen de las enfermedades de los peruanos no solo hay que remontarse a las raíces del hombre americano, hace miles de años, sino también considerar las distintas oleadas migratorias llegadas a nuestro territorio, desde que, luego del arribo de los conquistadores españoles, fueron el propio ser humano el principal portador de las enfermedades que azotaron el Nuevo Mundo; él, y los mosquitos que ingresaron en América como polizontes en las naves de los primeros inmigrantes.
Cabe preguntarse, entonces, ¿cuáles fueron las enfermedades de los primeros pobladores de América, específicamente de los antiguos peruanos? ¿cuáles llegaron con los europeos y africanos a partir de la Edad Moderna? ¿cuáles han afectado recientemente a los habitantes de nuestro continente?

La Tuberculosis

La tuberculosis es una de las enfermedades más contagiosas del planeta. Un tercio de la población mundial está infectada con Mycobacterium tuberculosis, con una mayor concentración en los países del Tercer Mundo, donde ocurre el 97% de los casos mortales.

Sin embargo, poco se sabe del origen de esta enfermedad. Tanto en América como en Europa se han encontrado restos humanos con tuberculosis ósea anteriores al contacto entre ambos; pero no se ha llegado a esclarecer el origen ni el modo de difusión de este mal.

Una de las teorías más aceptadas sostiene que la tuberculosis llegó del continente asiático con los primero humanos que pasaron a América. Hay, sin embargo, una tendencia histórica a negar la existencia de la tuberculosis precolombina. Desde esta perspectiva, algunos casos de enfermedad de Pott-un tipo de tuberculosis que corroe el cuerpo vertebral hasta romperlo (produciendo ua giba o joroba), resultado postrero de una tuberculosis pulmonar- diagnosticada en momias americanas por diferentes estudiosos, se han considerado el resultado de una contaminación póstuma con bacilos no patógenos provenientes del suelo, con características similares al bacilo de Koch, lo cual había conducido a un diagnóstico equivocado.

Pero creemos que existe evidencia que demuestre lo contrario. Se trata de la momia (Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia de Lima) de un hombre de mediana edad de la cultura Paracas. Esta momia (del año 900 a.C. aprox.) presentaba un buen estado de conservación y una ligera giba en el dorso. Análisis posteriores (anatómico-radiológico, bacteriológico, molecular y paleoepidemiológico), siguiendo una autopsia no destructiva, revelaron la existencia de tuberculosis pleuropulmonar y espinal. Se llegó así a la conclusión de que la momia en cuestión presentaba una tuberculosis multisistémica que comprometía pulmones, pleura, huesos y posiblemente el sistema neural.

En las últimas décadas, diversos investigadores han practicado autopsias alrededor de mil momias de la costa de Chile y Perú. Entre ellas encontraron cinco casos claros de la enfermedad de Pott. Este dato es importante, pues esos mil casos se pueden considerar como una muestra representativa de la población precolombina. Se fechó la mayoría de esos restos humanos entre los años 200 y 1400 a. C.

La tecnología moderna permitió determinar la secuencia del ADN del bacilo de Koch en la momia Paracas antes descrita, demostración científica de la presencia de la tuberculosis en las sociedades precolombinas. De acuerdo con la epidemiología, por cada mal de Pott en una comunidad, debe haber 200 mil casos de tuberculosis común y corriente.

La teoría que sostiene la existencia de la tuberculosis en el antiguo Perú se entiende mejor si se considera que los valles costeños en cuestión tenían una concentración humana razonablemente alta desde el Intermedio Temprano, cuando las personas empezaron a asentarse en la región. La concentración de casos de enfermedad de Pott alrededor del año 900 a. C. puede haberse producido justamente a causa del cambio de forma de vida de los antiguos pobladores, al volverse sendentarios.

Es posible, por otro lado, que una cepa distante de M. tuberculosis de la América precolombina haya jugado un papel muy impotante-como causante- en la epidemia que se inició en Europa hace 400 años. Esto porque la alta tasa de mortalidad por tuberculosis en el Viejo Continente, durante el siglo XVII, se asemeja más a la causada por el impacto de una nueva enfermedad que al efecto de la urbanización.


La Bartonellosis

En la región andina (el Perú, Ecuador y el sur de Colombia) hay una enfermedad que no existe en ninguna otra parte del mundo: la bartonellosis. Los aspectos epidemiológicos, clínicos y terapéuticos de este mal, que tomo distintos nombres en el transcursos de los últimos cien años (enfermedad de Carrión, fiebre de la Oroya, verruga peruana y otros), han sido motivo de arduos estudios. Sin embargo aún encierra varios misterios.

El área geográfica de la enfermedad es muy precisa, porque el mosquito que la propaga (Lutzomyia) tiene un hábitat bien definido. Es endémica de los valles interandinos, entre los 1,000 y 3,200 metros de altitud, entre los 2° de latitud norte y los 13° de latitud sur. En el norte de nuestro país, por ejemplo, se ha detectado hasta en el departamento de Cajamarca, en la provincia de San Ignacio; y en el sur, hasta San Juan, en Huancavelica, y en el valle de La Convención, en el Cusco. El área total en la que se ubica es de 144.496 kilómetros cuadrados. Hace pocos años se creía que solo llegaba hasta el norte de las serranias de Chincha, pero se han encontrado casos en valles de la selva alta (Cajamarca, Cusco y Amanzonas).

Durante mucho tiempo se creyó que la llamada enfermedad de Carrión estaba controlada; pero la bartonellosis andina-tal es su nombre más preciso- sigue siendo un problema en varios departamentos del Perú y continúa causando muertes. En la década de 1940, esta enfermedad alcanzó la tasa de incidencia más alta de su historia nacional: 14 por 100 mil habitantes, para luego descender hasta 0,3 por 100 mil habitantes hacia 1970. Brotes epidémicos se dieron de 1975 a 1979, así como en 1992. Áncash, Lima, Cajamarca son los departamentos con mayor incidencia.

De la bartonellosis andina se sabe que es una enfermedad transmitida a los humanos por la picadura de la hembra del mosquito llamado titira (en quechua): Lutzomyia verrucarum, aunque también se han visto implicadas en algunas zonas, otras Lutzomyias. Sin embargo, aún no se ha descubierto el reservorio de esta enfermedad: hasta ahora, el ser humano es el único conocido. Se conoce también la bacteria que la causa, la Bartonella baciliformis, bautizada con este nombre en honor de Alberto Barton, bacteriólogo que en 1950 descubrió este agente en los glóbulos rojos de los enfermos que llegaban a Lima con la "fiebre de la Oroya", asi llamada porque, en un determinado momento, el mayor número de afectados se contó entre los trabajadores que construían el ferrocarril que debía pasar por esa localidad.

La enfermedad se inicia con la succión de sangre por parte del mosquito. Las bartonellas entran en el torrente sanguíneo, atacan los glóbulos rojos y los parasitan. Al advertir que los glóbulos están siendo atacados, el sistema de defensa los destruye; pero las bacterias no resultan aniquiladas. Tal parece que son captadas, y comienzan a vivir y a crecer dentro de las propias células del sistema de defensa. Mientras tanto millones de glóbulos rojos son captados y destruidos, lo cual explicaría la baja de las defensas inmunitarias, ya que las células encargadas de esta tarea están invadidas por las bartonellas. El sistema de defensa decae, el enfermo entra en una etapa en la que se asemeja a un afectado por el sida, y su muerte se produce por enfermedades intercurrentes.

La primera estapa de la bartonellosis andina se caracteriza por una de las formas más graves de anemia, la anemia hemolítica severa, que puede llegar a ser mortal, sobre todo en personas sin exposiciones previas a la enfermedad.

Después de esta fase aparecen en la piel, misteriosamente, unos glóbulos rojizos llenos de sangre (las "verrugas" nombradas por los primeros españoles que llegaron a los Andes). El análisis demuestra que estas verrugas son células de los vasos sanguineos que han proliferado, casi como si fueran tumorales; y dentro de ellas se encuentran, a veces, las bartonellas. Lo interesante es que estas verrugas se caen solas y el enfermo se cura repentinamente.


La Sífilis

La sífilis es otra enfermedad eminentemente americana. Se contagia a través del contacto sexual, de la misma forma que el sida. La sangre infectada se transmite, por pequeñas heridas, al pene o a la vagina (donde se forma una pequeña úlcera), para propagarse hacia los ganglios linfáticos y, desde ahí, al organismo entero.

Antes del poblamiento de América, hace miles de años, existía una enfermedad causada por una bacteria treponema, pariente cercana de la produce la sífilis (Treponema pallidum). La diferencia entre ambas radica en que la primera, extendida en el mundo entero, es transmitida por el mosquito común y corriente, a través de la picadura de la hembra. Esta enfermedad es conocida con diversos nombres: generalmente pain o cuchipe. Las reacciones inmunitarias, es decir, los análisis para diagnosticar sífilis, son exactamente iguales para una y otra enfermedad, por lo que una persona que se ha curado del ataque del pian puede, por los análisis, ser diagnosticada falsamente como sífilis.

Mucho antes de la llegada de Colón a América, una de estas formas de treponemiasis mutó y se convirtió en una enfermedad venérea.
Es decir, en América, el mosquito dejó de ser el agente transmisor y la transmisión se volvió sexual (Treponema pallidum). A la llegada de los europeos, el contacto sexual de los marineros con los nativos americanos promovió la instalación de este tipo de treponema en los genitales de los primeros. En Europa, inmediatamente después del encuentro con América, la enfermedad se extensió hasta adquirir caracteres de epidemia muy grave, cosa que no sucedió en el Nuevo Continente porque era una enfermedad endémica, presente desde siglos atrás.

Reyes, reinas y personas de las más altas esferas sociales murieron de formas graves de sífilis. Y lo peor: era condiserada una enfermedad innombrable, un estigma de la mala vida, pues se le asociaba con la prostitución y los placeres de la carne. La Iglesia católica la calificó como un castigo divino. A mediados del siglo XVI, la sífilis se había extendido por Europa de manera tan rápida como preocupante. Los franceses la llamaban mal hispánico; los españoles, mal gálico o itálico. A comienzos del siglo XX, alrededor del 15% de la población europea padecia esta enfermedad.

A continuación coloco un enlace hacia la tesis de Julio C. Tello, llamado "La antiguedad de la sífilis en el Perú", donde a través de estudios se logra determinar que la propagación de una enfermedad como la sifilis no tuvo excepción en el Perú, como a los demás pueblos de la tierra.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

s0on muy serteros tus resuldados mediante las enfermedades si hay avances c0ontactate c0onmig0o

cesarylizbeth@homail.com

david dijo...

Saludos Paola, interesante tu blog sobre medicina peruana, saludo tu trabajo, me gustaria saber sobre las ENFERMEDADES EN EL PERU ACTUAL, si podrias ayudarme en esto te agradeceria, soy docente de historia y este es mi correo daceray25@hotmail.com y esta es mi web personal www.ccss.cjb.net, Hasta pronto.

Anónimo dijo...

gracias estuvo buenazO me ayudo mucho CHEVERE

Rudy Chalco dijo...

Paola
Muy bien tu blog !!!
tendras mas información que compartir con nosotros?? algunos libros recomendados?
Una pregunta: A parte de la Sifilis hubo alguna enfermedad que se haya transmitido a los españoles y se haya causado estragos en Europa ??